Innovaciones en calidad y poscosecha de pitaya en el Sureste español

Descripción de la publicación

Por Irene Salinas y Virginia Pinillos. Departamento de Agronomía, Universidad de Almería, ceiA3, CIAIMBITAL, 04120, La Cañada de San Urbano, Almería

8/5/20267 min leer

Figura 4. Resultados del ensayo de recubrimientos comestibles de las pitayas conservadas en frío 7 y 14 días y posterior temperatura ambiente (7+5 y 14+5 días). Evolución del estado de las brácteas en una escala del 0 al 4, donde: 0: brácteas verdes e hidratadas, intactas; 1: color verde desvanecido, ligeramente amarillo en la parte de inserción de la flor, sin oscurecimiento de los bordes, ligero arrugamiento; 2: color verde desvanecido, amarillo moderado, ligero oscurecimiento de los bordes, arrugamiento ligero a moderado; 3: puntas verdes, la mayor parte de la bráctea amarilla, oscurecimiento moderado de la bráctea, arrugamiento moderado; 4: sin color verde, oscurecimiento severo de la bráctea, arrugamiento severo (izquierda) y de la pérdida de peso (derecha). Fuente: Bastidas, 2026.

Conclusiones

Las principales conclusiones obtenidas del trabajo realizado hasta ahora son:

1. Los dispositivos NIR portátiles son una herramienta prometedora para clasificar la fruta en campo de forma rápida y sin pérdidas de producción asociadas a la determinación de su calidad, asegurando que solo la fruta con el dulzor adecuado llegue al consumidor.

  1. El momento óptimo de recolección en Almería se sitúa entre los 35 y 40 días después de la floración (DDF), dependiendo de la variedad y la integral térmica acumulada. Cosechar demasiado pronto resulta en frutos con poco sabor, mientras que esperar demasiado reduce su vida útil comercial.

  2. El mantenimiento de la cadena de frío a 10°C es crucial, si bien el uso de recubrimientos comestibles es una técnica prometedora para minimizar la deshidratación y preservar el aspecto visual de las brácteas, factor determinante para el consumidor.

Por otro lado, sabemos que la pitaya no solo destaca por su consumo en fresco, sino que los frutos que no cumplen los estándares estéticos (por tamaño o roces, entre otras razones) pueden tener un gran potencial para la IV gama, por lo que sobre esto seguiremos trabajando en el contexto de PITAMED, al igual que realizando estudios de maduración y poscosecha, incluido el envasado de la fruta para su comercialización.

Referencias

Bastidas, A. 2026. Evaluación de recubrimientos comestibles sobre la calidad y la postcosecha de pitahaya y papaya. Trabajo Fin de Máster, Universidad de Almería.

Portillo, I., Salinas, I. Pinillos, V. 2026. Development of predictive models for fruit quality with portable NIR spectroscopy evaluation in pitaya produced in Mediterranean greenhouses. Acta Hortic. 1452, 171-178.

Dispositivo F750 Produce Quality Meter
Dispositivo F750 Produce Quality Meter

Figura 2. Marcado de flores de pitaya de las variedades ‘Korean White’ (izquierda) y ‘Royal Red’ (derecha).

La pitaya (Selenicereus spp.), también conocida como fruta del dragón, se ha consolidado como una oportunidad prometedora para diversificar la agricultura protegida en la región mediterránea. Con su aspecto exótico, sus características brácteas verdes y un alto valor nutricional, siendo rica en fibra, vitamina C y antioxidantes como las betalaínas, esta fruta ha captado el interés tanto de agricultores como de consumidores. Sin embargo, su éxito comercial depende en gran medida de garantizar una calidad óptima en el momento de la cosecha y una vida útil suficiente para llegar a mercados lejanos. En el marco del proyecto PITAMED, financiado por el Ministerio de Agricultura y el fondo FEADER, se están llevando a cabo diversos ensayos en Almería y Canarias, liderados por la Universidad de Almería y el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA), respectivamente, para definir los criterios de recolección y las mejores prácticas de manejo poscosecha.

A diferencia de otras frutas que maduran tras ser recolectadas, como la papaya o el plátano, la pitaya es un fruto no climatérico. Esto significa que alcanza su máxima calidad organoléptica en la planta y, una vez cosechada, sus niveles de azúcar no aumentan; sin embargo, su calidad comienza a disminuir paulatinamente. Tradicionalmente, los agricultores se basan en el color de la piel o en los días transcurridos tras la floración para decidir el momento de la cosecha. No obstante, estos parámetros varían enormemente según la variedad, la ubicación y la época del año. Por ello, se han contemplado diferentes objetivos, con ensayos específicos para responder a cada uno de ellos:

  1. Desarrollar tecnología NIR (espectroscopia de infrarrojo cercano) para evaluar la calidad de la fruta de forma no destructiva.

  2. Determinar el punto óptimo de recolección y la vida útil de pitayas de diferentes variedades.

  3. Evaluar el efecto de la aplicación de recubrimientos comestibles sobre la calidad poscosecha de pitaya.

Para la realización del primer ensayo, llevado a cabo durante la campaña 2024-2025, se empleó un espectrómetro portátil F-750 (Felix Instrument, Camas, EE. UU.) que escanea la fruta en el rango VIS-NIR (330-1100 nm) (Figura 1). Con los datos obtenidos de 164 frutos de Selenicereus undatus cv. ‘Korean White’ recolectados en la Fundación Finca Experimental UAL-Anecoop, se entrenaron modelos de Redes Neuronales Artificiales (ANN) para que el dispositivo fuera capaz de predecir el contenido de sólidos solubles, la acidez y el color, sin necesidad de cortar la fruta. Los modelos predictivos desarrollados mostraron una excelente precisión para determinar el color de la piel y la acidez (R²>0,90). Para el contenido de sólidos solubles, la precisión fue buena (R²~0,7), permitiendo diferenciar claramente entre frutos con distinto dulzor (Portillo et al., 2026).

Figura 1. Dispositivo portátil F-750 Produce Quality Meter, de medidas NIR, para las evaluaciones de calidad de fruta de forma no destructiva.

Marcado de flores de pitaya varidedad Korean White y Royal Red
Marcado de flores de pitaya varidedad Korean White y Royal Red

Figura 3. Frutos de las variedades de pitaya ‘Korean White’ recolectados en julio (arriba) y ‘Royal Red’ recolectados en octubre (abajo), a los 30, 35 y 40 días después de floración.

Para responder al segundo objetivo, se están desarrollando ensayos en dos ubicaciones de Almería: el Levante (Fundación Finca Experimental UAL-Anecoop, en Retamar) y el Poniente (Estación Experimental Cajamar, en El Ejido), con las variedades ‘Korean White’ (pulpa blanca) y ‘Royal Red’ (pulpa roja). Para establecer el momento óptimo de recolección, durante el año 2025 se marcaron flores el día de su polinización en dos oleadas, una en junio y otra en septiembre (Figura 2). Los frutos se recolectaron a los 30, 35 y 40 días después de la floración (DDF) (Figura 3), evaluándose diferentes parámetros de calidad en cosecha, así como su comportamiento poscosecha. Para simular la cadena comercial, los frutos se almacenaron en cámara a 10°C y 85% de humedad durante 7 y 14 días, seguidos de periodos a temperatura ambiente (~20°C).

Frutos de las variedades de pitaya Korean White
Frutos de las variedades de pitaya Korean White

Aquí, los resultados obtenidos hasta la fecha confirman que la pitaya gana calidad a medida que permanece en la planta, ya que, en general, los sólidos solubles aumentan significativamente de los 30 a los 35 DDF, superando los 14 °Brix en los frutos más maduros de ‘Korean White’ en la primera oleada, mientras que la acidez disminuye progresivamente, lo que favorece el atractivo del fruto al aumentar la ratio SST/Acidez. Asimismo, y, como era de esperar, los frutos de la oleada de junio acumulan unidades de calor (grados día o GDD, por sus siglas en inglés) más rápido que los de septiembre, lo que acelera su maduración. Por otro lado, y, sabiendo que la pitaya es un fruto delicado con una corta vida poscosecha (6-7 días a temperatura ambiente), se ha observado que el almacenamiento de la fruta en frío y alta humedad es lo más adecuado, dado que durante este periodo sufre un rápido deterioro caracterizado por deshidratación, ablandamiento de la pulpa, marchitez de brácteas, alta sensibilidad a pudriciones y daños mecánicos.

Finalmente, en la pasada campaña se probaron dos recubrimientos comestibles, cera de carnauba y una solución de sucroésteres, para intentar reducir la deshidratación de las brácteas y la pérdida de peso del fruto durante su vida poscosecha. Para el tratamiento de cera de carnauba se ha utilizado el producto comercial VitaFreshTM Botanicals Life al 14% (Valencia, España). El segundo tratamiento fue una solución de sucroésteres al 4% de Naturcover extra de Decco Ibérica (23%). Este ensayo se ha realizado sobre Selenicereus polyrhizus cv. Royal Red cultivada en la Estación Experimental Cajamar, empleando frutos recogidos con más de 40 DDF, conservados en frío (10ºC) durante 7 y 15 días tras la aplicación de los recubrimientos, y un periodo de 5 días más a temperatura ambiente tras el frío. El deterioro de las brácteas (marchitamiento y oscurecimiento) sigue siendo el principal reto estético, aunque los recubrimientos ayudan a mantenerlas hidratadas por más tiempo (Figura 4-izquierda). Sin embargo, la aplicación de estos recubrimientos reduce significativamente la pérdida de peso en comparación con el control (frutos sin tratar), especialmente en los periodos de conservación de la fruta a temperatura ambiente (cera de carnauba en 7+5; cera de carnauba y sucroésteres en 15+5) (Figura 4-derecha).

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